EL RAVAL
El Raval es el barrio surrealista de Barcelona. Quizás no. Quizás toda Barcelona, o quizás todas las grandes ciudades sean así de surrealistas, pero me niego a pensar que pueda estar todo tan loco.
Allí abajo sigue gritando la loca. Con el cartón de vino con la mano izquierda grita al todo lo que se mueve a su alrededor. El mundo la mira extrañado, pero a ella no le importa gritar sonidos que nadie entiende ni soporta. Pasa una patrulla de los Mossos. El cartón de vino se estrella contra el Citroen Xsara. A veces me encantaría que la atropellara un coche.
Al menos tendremos un rato de paz.
A ratos pasan por allá, en la acera bajo mi ventana, ingleses, alemanes. Salen del Bagdad y rojos y medio desnudos por el calor, gritan y cantan canciones que suenan fatal. No están en su ciudad, pueden repartir todo el asco que se guardan en su ciudad. Sale otra patrulla del cuartel y la sirena los calla. También podría atropellarlos.
He de comprar leche. Y papel higiénico.
Están las mexicanas jugando al futbolín y me saludan. Salir de la residencia, cruzar esa puerta, es cruzar una frontera que separa mundos muy distintos. Por una lado americanos que vienen a "conocer Europa", pero que únicamente se relacionan entre ellos y por otro lado gente, mas bien una masa de gente sin rumbo, que vive en el Raval. Drogadictos, borrachos, prostitutas... etc.
Nada mas salir me encuentro en esa plaza que parece especialmente diseñada para desgraciados. Grupos de sillas individuales repartidas por toda la plaza. Uno duerme, el otro de mientras le cuenta algo con la mirada fija en otra parte. Voy al super y por el camino he de pasar por donde las prostitutas venden. No es agradable. Giro a la derecha y un hombre se pone delante mía y comienza a andar hacia atrás. Acelero.
-He, he, he , no soy ningún ladrón, solo quiero una monedita, no tendré que robar si me das una monedita, chaval, soy toxicomano, sabes lo que es toxicomano?
-Si ya se que es toxicomano
-Pues entonces dame una monedita
-Dejame en paz, te di 50 céntimos la noche pasada
Le paso y se queda atrás. Oigo que escupe.
Llego al super. La robusta y amable señora de la panadería lanza me lanza elogios o algo parecido (se podría decir halagos?) para que intentar vender el pan. Yo no suelo comprar pan. Llego a caja y delante mía espera un hombre con una chaqueta beige que tiene escrito en la espalda la inscripción " ETA mata a todo el gobierno para que podamos vivir en paz".
Se que no es creíble todo lo que cuento, y la verdad es que estoy densificando la historia para volverla mas trágica. Pero todo lo que aquí he contado es verdad. Como también se ven mil cosas que no se ven en Donosti.
Hace unos días un grupo de chavales, con una media de edad no superior a los 10 años, se golpeaban contra el cristal de una puerta a turnos con la intención de romperla. Gritaban "cabrones" y se lanzaban contra la puerta de costado. Era triste ver como mas de uno se caía, pero al día siguiente cuando volví a pasar por delante de aquella puerta de aquel restaurante, esta estaba rota.
Unos días antes mientras esperaba a que prepararan el bocadillo que había pedido, observaba a un grupo de mujeres que hablaban y a sus hijos que andaban cerca. Ellas tenían un aspecto horrible y se pasaban un porro entre ellas. Uno de los niños tiraba de la falda de su madre mientras le llamaba ¡mama!, ¡mama!. La respuesta de su madre fue un sonoro sopapo. Todo un ejemplo de madre.
No se, quizás os parezca un coñazo esto que escribo, además que creo que no me ha quedado muy cohesionado, pero quiero trasmitir la miseria que veo yo diariamente aquí. No creáis que estoy mal. Simplemente me da pena la gente de aquí y me pregunto como se puede llegar a estos niveles de miseria. También me pregunto si yo podría llegar a ser una persona así. Me pregunto que hace mezclada gente tan diferente.
El Raval es un lugar diferente. No me acabo de creer que pase todo lo que he contado.